jueves, 10 de mayo de 2018

Comer carne: subcampeones de Europa


Los problemas de cada día no deben impedirnos reflexionar sobre el mundo que vivimos y sobre este crecimiento poco sostenible, que pone en peligro el medio ambiente y nuestro futuro. El Cambio Climático ya está aquí y hay que afrontarlo en todos los ámbitos, también en la alimentación. Comemos demasiada carne y eso provoca una creciente ganadería industrial que emite muchos gases de efecto invernadero, consume demasiada agua y tierras de cultivo, deforesta y contamina. Y encima, perjudica nuestra salud, provocando enfermedades cardiovasculares y cáncer. España es el 2º país de Europa que más carne consume y la ganadería perjudica al medio ambiente la mitad que el transporte, con miles de granjas produciendo no sólo para nosotros sino para exportar (un tercio de la carne), aunque contaminan aquí. Habría que consumir menos carne y lácteos (no nos hacen falta tantas proteínas animales) y comer más verduras, hortalizas, legumbres y cereales, por nuestra salud y por la del Planeta. Es algo en lo que podemos ayudar todos.

enrique ortega

Cuando yo era niño y adolescente, en los años 50 y primeros 60, en España se consumía poca carne: un día por semana o en las fiestas. Luego, el consumo de carne aumentó, pero no se disparó hasta los años 90, con 100 kilos de media por español, alcanzando el máximo en 2002: 120 kilos por habitante al año. Habían cambiado los hábitos de consumo: si antes se comían “cosas con carne”, en este siglo se come “carne con cosas”. Y aunque la crisis hizo mella en el consumo de carne, bajando a partir de 2007, todavía comemos mucha: 94,04 kilos por habitante en 2013, según los últimos datos de la FAO (ONU) aportados por Greenpeace. Eso nos sitúa en 2º lugar en el consumo europeo de carne (85 kilos/habitante en la UE), por detrás de Luxemburgo. Y también consumimos mucha leche y derivados lácteos: 165,03 kg/habitante, aunque estamos por debajo de la media europea (260 kg/habitante).

El Ministerio de Agricultura (MAPAMA) rebaja estas cifras de consumo de carne a 50,13 kilos por habitante en 2016, pero es un dato parcial, porque sólo incluye la carne que compran las familias, no el consumo fuera de casa, que si recoge la estadística de la FAO, más completa. Pero el dato de compra de carne en el súper nos sirve para saber qué carne se compra: 74% carne fresca, 2,5% congelada y 23,5% transformada (desde embutidos a hamburguesas), el consumo que más crece. Y respecto a la carne fresca, en los últimos años se ha disparado el consumo de pollo (18,70 kilos por persona/año) y cerdo (14,40 kilos), estabilizándose en vacuno (7,55 kilos) y bajando el cordero y otras carnes (9,35 kilos). En total, el gasto en carne por persona fue de 320,22 euros en 2016, a los que habría que sumar otros 182,79 euros en leche y derivados lácteos. En total, comer carnes y lácteos supone un gasto anual de 503 euros por español, un tercio de todo el gasto en alimentación. La mayor factura.

Pero comer tanta carne y lácteos tiene otros costes, más preocupantes. El primero y fundamental, sobre la salud. Un polémico informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó, en octubre de 2015, del riesgo de un consumo excesivo de carnes procesadas (salchichas, embutidos, hamburguesas) y carnes rojas: puede provocar cáncer colorrectal. Además, otros estudios científicos revelaron que el consumo excesivo de carnes y lácteos favorece la obesidad y el sobrepeso, con riesgo de enfermedades cardiovasculares y la  diabetes tipo 2, las dos enfermedades de este siglo. Ya el Libro Blanco de la Nutrición en España alerta sobre los elevados consumos de carnes grasas y embutidos y un exceso de carnes y lácteos en la dieta, sobre todo en las ciudades y clases medias y altas.

El exceso de carne y lácteos en la alimentación no sólo perjudica el bolsillo y la salud. También atenta contra el Planeta, contra el medio ambiente. Y eso porque el consumo de carne (y lácteos) se ha disparado en el mundo, siendo este siglo XXI  la era de la carne. Si en 1950, la producción mundial de carne era de 50 millones de toneladas, en el año 2.000 ya se había cuadruplicado con creces (229 millones Tm) y en 2017 se ha multiplicado por más de 6 (322 millones Tm).Y se espera que alcance los 465 millones de toneladas para 2050. Ello se debe al fuerte aumento del consumo de los países occidentales (de 60 kilos por persona en 1964 a 96 kilos ahora), pero sobre todo al aumento de consumo de carne de los países en desarrollo, que están cambiando su dieta. Es el caso de China, que hace 20 años sólo consumía 5 kilos de carne por persona y año y hoy ya consume 50 kilos. En consecuencia, el consumo de carne se ha estabilizado en los países desarrollados (a niveles altos: 115 kilos/persona en EEUU) pero crece imparable en los países emergentes, lo que augura que el consumo total de carne en el mundo se duplique, pasando de los 45 kilos de media actuales a 80 kilos de media por persona en 2050 (y más de 100 kilos en los países ricos).

Este esperado salto en el consumo de carne (y lácteos) en el mundo va a disparar aún más la ganadería industrial, la opción elegida para hacer frente a la creciente demanda de carne en el siglo XXI: han desaparecido las explotaciones ganaderas pequeñas y familiares y se han sustituido por enormes granjas, con muchos animales por hectárea (maltratados) y un sistema industrial de producción, apoyado en piensos, hormonas y antibióticos. Baste decir que en el mundo se sacrifican más de 70.000 millones de animales cada año, 192 millones de animales sacrificados cada día. Sólo en España se matan cada año 886 millones de animales, casi 20 por cada español, una media de 1.700 animales sacrificados por minuto (1.482 pollos y aves, 90 cerdos, 90 conejos, 17 ovejas, 5 vacas y 2 cabras), según datos oficiales recogidos por Greenpeace. De hecho, la industria cárnica es la 4ª industria española (tras el automóvil, las petroleras y las eléctricas), con 86.000 empleos y más de 3.000 empresas, que facturaron 24.000 millones de euros en 2017, según la asociación Anice. Un poderoso "lobby", el de la carne, que financia incluso estudios (como el reciente de los médicos de familia) a favor del consumo de carne.

Esta  gigantesca industria de la carne, en el mundo y en España, subvencionada además con Fondos europeos, provoca graves daños al medio ambiente y al Planeta. En primer lugar, la ganadería emite un 14,5% de los gases de efecto invernadero (GEI), responsables del Cambio Climático, casi tanto como el transporte, según los informes de la ONU y la FAO. El ganado es responsable de un 37% de las emisiones de metano (al hacer su digestión) y del 65% de las emisiones de oxido nitroso (por el estiércol), dos gases más peligrosos para el clima que el CO2. Y provoca dos tercios de las emisiones mundiales de amoniaco (por el estiércol), culpable de la lluvia ácida. Además, producir carne masivamente lleva a talar bosques para pastos y cultivos para el ganado y esta deforestación causa el 9% de todas las emisiones mundiales de CO2. Por eso, desde 2008, la ONU lleva recomendando consumir menos carne para ayudar a frenar el Cambio Climático.

En España, la ganadería emitió en 2015 más de 86 millones de Tm de CO2, según los cálculos de Greenpeace, que estima que la ganadería y la agricultura son el 4º emisor de gases de efecto invernadero, produciendo el 13,35% de las emisiones totales. Y el primer emisor de metano y de oxido nitroso, más dañinos que el CO2. Las granjas que más emiten son las de cerdos (por las emisiones de los piensos para alimentarles y por los purines, el estiércol) y las de vacas (por los forrajes y piensos y por el metano de su digestión).

 Además de emitir gases peligrosos, la ganadería industrial consume mucho forraje, cereales y piensos, que obliga a cultivar muchas tierras para la alimentación animal y no para  producir alimentos a los humanos (que en muchos lugares pasan hambre). Así, producir 200 gramos de carne se lleva 45 cuencos de cereales que podrían alimentar a 20 personas, según la FAO. De hecho, en España, la ganadería industrial requiere destinar el 77% de toda la superficie agrícola  (18 millones de hectáreas) a plantar forraje y cereales para el ganado, además de importar cada año 15 millones de Tm de cereales y leguminosas para alimentar al ganado, según los datos de Greenpeace. Precisamente, la gran necesidad de piensos ha hecho que España utilice cultivos transgénicos para el ganado, el 95% de todos los de la UE.

Si la ganadería industrial necesita tierras para alimentar a los animales, necesita también mucha agua, una barbaridad: consume más de 48.000 millones de metros cúbicos al año, el consumo de todos los hogares españoles durante 21 años. Recuerde: producir un filete de 200 gramos exige tanto agua como darse una ducha, según Greenpeace. Y además, esa ganadería industrial contamina gravemente el agua, con los excrementos y purines (hay 50 millones de cerdos en España, que producen purines para llenar 66 piscinas olímpicas de excrementos cada día…), que ya han contaminado los acuíferos y las aguas de consumo en Aragón, las dos Castillas y sobre todo en Cataluña, donde la mitad del territorio tiene contaminadas las aguas subterráneas por la ganadería industrial, según denuncia Greenpeace.

Pero además del agua, la ganadería industrial también contamina el aire. Por un lado, las granjas emiten a la atmósfera amoniaco (por los purines y fertilizantes), 54.493 Tm en 2016, que al oxidarse produce también oxido nitroso. Pero además, está demostrado que en las áreas próximas a grandes granjas ganaderas hay contaminación por partículas en suspensión (PM 2,5), gases y endotoxinas, que pueden provocar problemas respiratorios y cáncer, según han advertido las autoridades sanitarias en Europa.

Y hay otra contaminación aún más preocupante, la de los antibióticos y hormonas que se utilizan en la ganadería industrial, para fomentar la cría y engorde o prevenir enfermedades. Y aquí, la situación en España es preocupante, porque somos el país europeo que más los utiliza: 3.029 toneladas de antibióticos vendidos para la ganadería en 2015, según la Agencia Europea del Medicamento (EMA), un 36% de todas las ventas en Europa (30 países). El riesgo es doble: se han detectado antibióticos en las aguas subterráneas y en el agua corriente y puede provocar problemas en los humanos, favoreciendo la resistencia a los antibióticos, una gran preocupación de la OMS, que piensa causará más muertes que en cáncer en 2050. Además, después, al procesarse muchas de estas carnes, se les añaden productos que pueden ser nocivos: conservantes y aditivos, antioxidantes, excipientes y mucha sal (el 75% de la sal que consumimos viene de alimentos procesados, no está en el alimento original: una hamburguesa, por ejemplo, tiene 13 veces más sal que un filete normal).

Tras este repaso a sus efectos sobre la salud y el Planeta, quizás mire la carne de otra manera. Pero además, hay otra cosa a tener en cuenta: mucha de la carne que se produce en España, la tercera parte, es para exportar, pero sus efectos negativos sobre el medio ambiente se quedan aquí. España exportó en 2017 más de 2,3 millones de toneladas de carne, superando por primera vez los 6.000 millones de euros de ingresos. Somos el 4º productor mundial de carne de cerdo (tras China, EEUU y Alemania) y el 2º productor europeo de ovino y caprino, tras Reino Unido. Y el 4º país europeo en productos cárnicos elaborados, tras Alemania, Italia y Francia. O sea que, aunque redujéramos el consumo interno de carne, las grandes granjas de animales seguirían ahí, para exportar  carne y lácteos a todo el mundo. Y destrozarían nuestro clima, nuestras aguas y nuestro aire para mantener ese potente negocio.

Algo habrá que hacer. En la Cumbre del Clima de París (2015), 195 países ya se comprometieron a reducir sus emisiones (a partir de 2020) entre el 20 y el 30% para 2030. Y eso exige tomar medidas en la energía, los transportes, las viviendas y la industria, pero también en la alimentación, reduciendo el consumo de carne. Greenpeace ha lanzado un objetivo mundial: reducir el consumo de carne un 50% para 2050: de 45 a 20 kilos/persona y año). Y en el caso de España, trazan dos objetivos: reducir el consumo  de 94 a 24 kilos de carne en 2030 (y de 165 kg de lácteos a 57 kilos) a 16 kilos de carne y 33 de lácteos en 2050. Serían 300 gramos de carne a la semana (suficientes para las proteínas necesarias), frente a 1,8 kilos hoy, quizás un objetivo imposible. Pero habría que bajar el consumo. Y para ello plantean medidas en dos frentes. Por un lado, más control y exigencias a la ganadería industrial, forzando la reducción de emisiones y contaminación y no autorizando macrogranjas (la de Noviercas, en Soria, tendrá 20.000 vacas y será la granja más grande de Europa). Y por otro, educación a las personas y a los niños, para consumir menos carne (y sobre todo menos carne procesada y roja) y menos lácteos y más cereales, verduras, hortalizas y legumbres, la “dieta mediterránea”.

Comer menos carne no es una moda ni un “invento ecologista”, es una necesidad si queremos cuidar nuestra salud y la del Planeta, además del bolsillo. Es importante obligar a las empresas a informar al consumidor de “la huella de carbono”: así sabremos que producir 1 kilo de cordero supone 10.629 gramos de CO2 equivalente, frente a sólo 140 gramos de CO2 por kilo de naranjas o 299 gramos por kilo de tomates. O que producir 1 kilo de vaca se lleva 10 kilos de pienso y 15.000 litros de agua, además de emitir 7.275 gramos de CO2 (ver este cuadro con las emisiones de CO2  que genera  producir los alimentos). Un despropósito y un despilfarro. Y más cuando  hay 791 millones de personas que pasan hambre mientras el mundo cultiva para alimentar a los animales. No puede ser. A todos nos gusta la carne, pero habrá que comerla menos, dos veces a la semana, modificando la dieta y comiendo más sano. Y más sostenible. Ser subcampeones de Europa en comer carne es una locura. Tenemos que cambiar.

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